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OPINIÓN | Argentina: Hacia los 75 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

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En 2023 se cumplirán 75 años desde que los líderes y lideresas del mundo adoptaran la Declaración Universal de Derechos Humanos, luego de las atrocidades cometidas en la Segunda Guerra Mundial, comprometiéndose a poner en el centro de sus acciones a la dignidad humana.

La Declaración expone valores universales y un ideal común para todos los pueblos y naciones, manifestando que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. A través de las décadas, ha servido de inspiración para varias generaciones y las ha interpelado a hacer frente a violaciones de derechos humanos en el mundo. La Declaración, además, ha sido la piedra angular del desarrollo normativo ulterior para la protección de grupos específicos, aquellos en situación de vulnerabilidad y tradicionalmente dejados atrás.

Estos logros se obtuvieron gracias al compromiso de activistas y personas defensoras en todo el mundo, incluyendo de Argentina. Ejemplo de ello, lo constituyen los movimientos de Derechos Humanos en Argentina exigiendo memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar; también el movimiento de mujeres que enarbolando el “Ni Una Menos” ha logrado cambios hacia una mayor igualdad de género.

Por su parte, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible reconoce explícitamente que su implementación se basa en la Declaración Universal de Derechos Humanos y que debe aplicarse de forma que los derechos humanos se hagan efectivos. Desde ONU Argentina, apoyamos a las autoridades nacionales y a la sociedad en su conjunto para continuar avanzando en sus esfuerzos bajo la premisa de no dejar a nadie atrás. Buscamos acompañar iniciativas para afrontar desafíos estructurales que siguen afectando a poblaciones vulnerables como los pueblos indígenas, afrodescendientes, personas con discapacidad, en especial mujeres y niñas de estas poblaciones.

A 75 años de la Declaración una pregunta que surge es ¿Podría hoy el mundo adoptar una Declaración de similares características a la de 1948?

Probablemente, la respuesta nos lleve a pensar en que un mundo en el que se enfrenta a desafíos sin precedentes e interconectados en relación con los derechos humanos, como el aumento del hambre y la pobreza, la pérdida de confianza en las instituciones, especialmente entre los jóvenes, en donde la pandemia del Covid-19 ha dado lugar a niveles más altos de violencia contra las mujeres y las niñas y en donde el racismo, la intolerancia y la discriminación han aumentado, y en un contexto que plantea nuevos desafíos para los derechos humanos derivados de la triple crisis planetaria del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación, todo parece plantear un panorama sombrío.

Pero es en este contexto, como menciona el Secretario General, António Guterres : “… en estos tiempos difíciles exigen que se reavive nuestro compromiso respecto de todos los derechos humanos, que son la base de la dignidad humana y la piedra angular de las sociedades pacíficas, inclusivas, justas, igualitarias y prósperas. Son una fuerza unificadora y un clamor colectivo y el reflejo de lo más fundamental que compartimos: nuestra humanidad común”.

Es justo que prontos a celebrar su 75° aniversario honremos los logros alcanzados, sin olvidar que aún restan numerosos desafíos. Con el verdadero espíritu de la Declaración, necesitamos renovar el contrato social entre los gobiernos y sus pueblos y dentro de las sociedades para fomentar la confianza y adoptar una visión compartida y global de los derechos humanos en el camino hacia un desarrollo justo y sostenible.

Desde Naciones Unidas reconocemos a la Argentina por su política sostenida de Estado en materia de derechos humanos – reconocida también con su elección a la Presidencia del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en 2022 – y reafirmamos nuestro compromiso de seguir apoyando al país a fin de lograr la aspiración que nadie quede atrás.

Claudia Mojica y Jan Jarab son Coordinadora Residente de la ONU en Argentina y Representante Regional para América del Sur del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, respectivamente.

Artículo publicado originalmente en el diario Clarín, de Buenos Aires

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