31 de agosto de 2026 – Hoy honramos la resiliencia, los logros y las contribuciones duraderas de las personas afrodescendientes.
En los descubrimientos científicos que amplían nuestros horizontes. En los libros que estimulan nuestra imaginación. En las empresas que crean oportunidades. En las aulas que ayudan a crecer a nuestros niños.
También reconocemos el liderazgo de las personas afrodescendientes en la promoción de la igualdad y la justicia.
En todo el mundo, las personas afrodescendientes reclaman una mayor participación en las decisiones que determinan sus vidas. Exigen sistemas económicos mundiales más justos. Su labor de incidencia impulsa los debates sobre justicia climática e igualdad de género. Todos estos ámbitos están estrechamente relacionados.
Las víctimas de discriminación racial y sus familias luchan por obtener justicia. En algunos casos, la consiguen, abriendo así el camino hacia un impacto más amplio.
Y gracias a los incansables esfuerzos de las personas afrodescendientes, algunos Estados y otros actores han comenzado a reconocer las injusticias del colonialismo, la esclavitud y la trata de personas africanas esclavizadas, y estudian formas de reparar sus secuelas duraderas.
Estos son avances importantes y positivos.
Debemos aprovechar este impulso, porque los avances siguen siendo desiguales y frágiles. Y porque el daño causado por la discriminación y el racismo afecta a sociedades enteras.
Cada día, las personas afrodescendientes se enfrentan a la discriminación en el trabajo, las escuelas, los hospitales y otros ámbitos. Sufren índices de violencia más elevados que otros grupos en sus interacciones con las fuerzas del orden y el sistema de justicia penal.
Las mujeres y niñas afrodescendientes están expuestas de manera desproporcionada a la violencia de género y la explotación sexual.
Las raíces del racismo son profundas e impregnan todas las sociedades. Los estereotipos perjudiciales siguen alimentando la violencia racista y los discursos de odio, también en internet.
Los avances logrados con tanto esfuerzo se están socavando deliberadamente mediante recortes en los programas destinados a combatir la discriminación racial y un menor apoyo a la sociedad civil, así como intentos de borrar o distorsionar la historia.
En algunas regiones del mundo, las expresiones racistas contra las personas afrodescendientes son cada vez más visibles e incluso se normalizan.
En algunas profesiones, las personas afrodescendientes son consideradas erróneamente como poco cualificadas y sometidas a un escrutinio constante, y se las estigmatiza si no cumplen las expectativas.
Es absolutamente esencial resistir este retroceso.
En este Día Internacional de los Afrodescendientes, los Estados deben renovar su compromiso de desmantelar el racismo sistémico y hacer frente a la tóxica supremacía blanca que lo sostiene.
Esto implica continuar la importante labor de transformar nuestras economías y sociedades.
Los Estados deben adoptar y aplicar leyes y políticas antirracistas. Deben reformar las instituciones para que reflejen y sirvan mejor a nuestras sociedades.
Es indispensable contar con mejores datos desglosados para poner de manifiesto las desigualdades raciales y orientar políticas que mejoren la vida de las personas.
Necesitamos un mejor análisis del papel de los medios de comunicación en la propagación del racismo contra las personas afrodescendientes.
Nada de esto tendrá éxito si las personas afrodescendientes no ocupan puestos de liderazgo y poder, y si su voz no se escucha plenamente en la vida política y pública.
Las mujeres afrodescendientes, en particular, suelen estar casi ausentes de los espacios donde se deciden las políticas. Esto debe cambiar.
Esto implica eliminar los obstáculos que dificultan su participación en la escuela, el trabajo y la sociedad en su conjunto.
El racismo nos perjudica a todos.
Arrebata vidas y oportunidades y corroe nuestro tejido social.
Nos deja una versión disminuida de lo que nuestras comunidades, nuestros países y nuestro mundo podrían llegar a ser.
Rechacemos ese futuro disminuido y comprometámonos, en cambio, a valorar plenamente toda la riqueza de nuestra humanidad compartida.
FIN