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Por Navanethem Pillay

Recientemente visité la isla de Gorée en Senegal, la tristemente famosa “puerta de no retorno” desde la que incontables africanos fueron enviados encadenados a América durante el comercio trasatlántico de esclavos. Mientras me desplazaba por la isla en la que miles de seres humanos fueron comercializados como mercancía, me sentí particularmente agradecida de que la Asamblea de las Naciones Unidas hubiera declarado el 2011 el Año Internacional de los Afrodescendientes. El centro de esta iniciativa es la promoción los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de afrodescendientes, así como su participación e integración en todos los aspectos de la sociedad.

Una oportunidad para fortalecer el apoyo es la conmemoración anual del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, el 21 de marzo. Esta fecha fue elegida porque recuerda la masacre ocurrida en 1960 cuando dispararon y asesinaron a 69 manifestantes durante una protesta pacífica contra el apartheid in Sharpeville, Sudáfrica. El Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial es un recordatorio anual de que debemos actuar de forma más contundente para combatir el racismo, la discriminación y la intolerancia. El creciente número de casos ocurridos en varias partes del mundo, prueba que para contrarrestar estos flagelos es urgente contar con mayor compromiso y la implementación completa y efectiva del Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Distinto a conmemoraciones anteriores, el Día internacional de la eliminación de la Discriminación Racial de este año tiene un enfoque especial en gente de ascendencia africana, para resaltar la persistente exclusión y marginalización que continúa afectándolos. Muchas de estas personas son la progenie de las víctimas del comercio trasatlántico de esclavos, una de las más grandes manchas en la conciencia de la humanidad.

Las estadísticas confirman la enormidad de este crimen contra la humanidad. A pesar de que los cálculos varían por la falta de documentos precisos, se cree que alrededor de 14 millones de africanos fueron transportados a América como esclavos, y que otros 14 millones fueron enviados al este.

Tan solo en América, el número de afrodescendientes supera los 200 millones, y muchos de ellos viven en circunstancias deplorables. Con frecuencia se encuentran entre los más afectados por la pobreza, el desempleo y condiciones de vida precarias. Esto no es un mero accidente o el destino. Debemos admitir que en la raíz de esta deplorable realidad se encuentra la discriminación estructural que tuvo sus orígenes en lugares como la isla de Gorée.

De hecho, el legado del comercio de esclavos persiste en muchas prácticas contemporáneas. Vemos el reflejo de la discriminación contra los afrodescendientes en el perfil racial, el predominio en la población de las cárceles y el pobre acceso a educación de calidad, justicia y servicios de salud. Todos estos obstáculos, creados por el prejuicio, la intolerancia y la desigualdad, privan a millones de personas de sus derechos humanos universales.

Tan solo en abril de 2009, en la Conferencia de Examen de Durban contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia, y las Formas Conexas de Intolerancia, 182 países concordaron que un compromiso renovado era imperativo para contrarrestar estos flagelos. Ya es hora de cumplir esas promesas.

Si bien las conmemoraciones de Naciones Unidas ofrecen oportunidades para discutir y abordar los muchos retos que los afrodescendientes continuan enfrentando debido al reacismo y a la discriminación racial, también proporcionan prominentes plataformas para mostrar y celebrar su gran variedad de contribuciones en todas las áreas del hacer humano. En las artes y en las ciencias, en el derecho y política, los afrodescendientes han dejado su marca en la historia, dado forma a naciones y promovido los más altos ideales de libertad, progreso, resistencia, diligencia y confianza en uno mismo.

Sin embargo, en demasiados casos, libros de historia, planes de estudio y tradiciones orales no reflejan fielmente la riqueza y extensión del patrimonio, trabajo y logros de los afrodescendientes. Estos vacíos, deliberados o negligentes, deben llenarse con las narrraciones de sufrimiento, lucha y éxito que pertenecen únicamente a los afrodescendientes y que ellos continúan experimentando.

Espero que el 2011 genere profundas discusiones acerca de los retos que los afrodescendientes enfrentan, y provea múltiples debates donde se instalen propuestas y soluciones innovadoras para afrontar.

Hago un llamado a cada persona de buena voluntad para asegurar que Estados y comunidades alrededor del mundo respeten la legislación internacional sobre derechos humanos. Que nuestro objetivo en este Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial sea expresar solidaridad con los afrodescendientes y producir las muy necesarias reparaciones para resolver su grave situación y satisfacer sus aspiraciones y derechos a una vida digna y próspera.

Navi Pillay es el Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

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